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Actualizado: Jul 20th, 2005 - 12:32:43 |
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Editor
Jul 10, 2005, 23:25 |
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| Cuevas Bajo el Volcán Villarrica. |
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La tercera ola me pilla desprevenido y termino de perder el equilibrio. Aquí estoy, volcado, de espaldas, aferrado a mi "tabla", tratando de ver entre la espuma si no hay más rocas en los metros que restan hasta la orilla, y lanzando manotazos para esquivar la poderosa corriente del río Trancura.
Los guías, que vienen cerca, vigilando que todo esto no termine en las páginas policiales, gritan para que retome la posición correcta y salga unos metros adelante, cruzando el río. A esas alturas, ya di con mi propia salida. Sin mucho estilo, es cierto, terminé la aventura. Estoy refugiado en una gran roca, intentando ponerme de pie y jadeando. También estoy aliviado y acalorado por el esfuerzo. No siento lo frío del agua y recién me doy cuenta de la lluvia que empezó a caer con fuerza hace ya un buen rato. "¿Querías adrenalina?", me digo, para recobrar la compostura y el ánimo. "¡Ahí tenís adrenalina!", me respondo de inmediato, antes de quitarme las gualetas y caminar hacia el resto del grupo, con el corazón todavía acelerado.
Esto es Pucón y lo que acabo de vivir es el hidrospeed, un deporte aventura relativamente nuevo por estos pagos y que deja al rafting - probablemente la disciplina que puso a esta localidad de la Novena Región en el mapa del turismo de aventura chileno y mundial- como un sencillo paseo en bote.
Hay pocos clientes para el hidrospeed hoy. De hecho, hay pocos clientes para cualquiera de los panoramas posibles en Pucón, porque aquí sucede lo que en todos esos destinos sureños en que apenas puedes caminar en verano, pero que todos parecen esquivar en invierno. Todos salvo los gringos, esquiadores que deciden restarle horas a la nieve y los entusiastas que no le temen al frío o a la lluvia, y que a veces ven recompensada su valentía con unos días luminosos, tarifas algo más bajas y la total disponibilidad de las agencias de turismo aventura.
Por eso, si quieres, en invierno igual puedes lanzarte en una emocionante bajada de rafting por el Trancura Bajo, porque el Alto está cerrado por las autoridades. Demasiado caudal, explican aquí. O puedes probar algo más potente. Como el mentado hidrospeed, donde te vas esquivando rocas y saltando olas con medio cuerpo metido en el agua, maniobrando una colorida "tabla" o trineo de agua.
Los circuitos de hidrospeed que realiza Trancura parten en el "resort" de esta agencia, el centro de rafting ubicado a orillas del río Trancura, y terminan casi una hora y cuarto después, prácticamente a las puertas de Pucón. Uf.
Una travesía agotadora que parte con un doble traje de goma para el frío, bien acolchado de la cintura hacia abajo para resistir los posibles golpes en las rocas. Y que sigue con instrucciones para moverse en el agua, retomar la posición cuando las olas te voltean (maniobra que olvidas apenas te lanzas de cabeza contra el primer rápido) y la sensata recomendación de seguir cada instrucción de los guías que van al lado o en el bote de seguridad que encabeza la bajada, para rescatar a los arrepentidos que nunca imaginaron en lo que se estaban metiendo.
Mientras volvemos al "resort", uno de los guías pregunta si lo haría otra vez. "No lo creo", le digo, y siento que pocos minutos atrás la respuesta habría sido más definitiva.
Lo bueno de Pucón es que no hay que ser particularmente temerario para divertirse. Dejando de lado la nieve (que abordamos en la edición especial de esquí hace pocas semanas), puedes pasar el día en circuitos harto más tranquilos.
En cosa de minutos, por ejemplo, dejas Pucón, tomas el camino a Caburgua y, antes de llegar a ese hermoso lago, tomas el desvío hacia los Ojos del Caburgua: varias cascadas pequeñas y algunas pasarelas de madera para recorrerlas.
Si quieres hacerlo un poco más entretenido, puedes llegar a los Ojos desviándote a poco de salir de Pucón por el camino señalizado a Quelhue - que cruza una vieja pasarela de madera- , y siguiendo luego el letrero que indica hacia el Cristo, bordeando los ríos Liucura y Caburgua. El camino está lleno de curvas y pendientes, si prefieres maltratar el vehículo. Y de buenas vistas, si quieres sacar la cámara.
Luego de la visita a los Ojos, puedes parar en la Landhaus San Sebastián, un bed and breakfast que sus dueños, Gabriela y Andreas, prefieren llamar "granja-hotel", porque ellos mismos producen todo lo que usan en la cocina: mermeladas caseras, leche recién ordeñada y pasteles alemanes de verdad, como la pareja detrás del lugar.
En Caburgua encuentras el sitio perfecto, si quieres algo de tranquilidad. Abandonado por los residentes veraniegos y sus insoportables juguetes - las ruidosas motos de agua y lanchas- , este lago es ahora un silencioso espejo rodeado de bosques, donde casi puedes escuchar el balanceo de los botes turísticos anclados.
De Caburgua puedes adentrarte en el Parque Nacional Huerquehue, usando el camino que bordea la ribera oriental del lago, donde ahora se ven más carabineros de lo habitual porque hace poco robaron en la casa de veraneo de Sebastián Piñera. Otra opción es desandar un poco de camino hacia Pucón, y tomar la ruta hacia Huife, salpicada por termas como Quimey-co y, desde luego, las de Huife. Pocos minutos más adelante está Los Pozones, al fondo de la quebrada por donde se derrama el río Liucura.
Las termas de Los Pozones son un buen sitio para terminar la jornada y esperar la noche bien sumergido en reconfortante agua caliente. Aunque la infraestructura es más bien básica, el entorno es notable, el servicio amable, funciona hasta las seis de la mañana y tiene seis piscinas al aire libre, con fondo de arena - nada de cemento- y una que otra piedra útil para sentarte, sacar medio cuerpo del agua y sentir el frío viento del atardecer en el cuerpo, mientras el azul eléctrico del cielo va perdiendo brillo.
Los que no tienen una noche de termas o un buen restaurante en su hotel, seguro a eso de las siete están desfilando por Fresia. En esta calle conviven vitrinas llenas de parkas Helly Hansen, The North Face, Salomon y Columbia, y restaurantes con cartas tradicionales (como La Maga, una "parrilla uruguaya" con excelentes carnes), de "fusión" (que mezclan carnes exóticas e ingredientes tradicionales como la murta o el mote) y concurridas pastelerías y chocolaterías, como el Patagonia Plaza (Fresia 223). Claro que si de chocolates se trata, mejor hacer una escala en el nuevo local de Huerto Azul (O'Higgins 291; www.huertoazul.cl), especialistas en mermeladas y conservas caseras, delicias como tomates secos, pastas de berenjena o de ají, y exquisitas creaciones hechas con legítimo chocolate belga.
A eso de la medianoche, el movimiento invernal en Pucón se centra en la calle O'Higgins, la principal del pueblo, donde están casi todas las agencias de turismo aventura, varios pubs en estado de hibernación, y otros tantos que aprovechan la buena concurrencia que trae este fin de semana largo.
El Bosque es la opción más nueva y se nota: es amplio, tiene una barra al centro y un living cerca de la puerta principal. La música no molesta la conversación, tiene fotografías en los muros, y un rincón dedicado a los vinos, pero - y aquí se notan los pocos meses del local- el servicio todavía es algo desprolijo.
La alternativa clásica es el Mamas and Tapas, otro buen bar. Aquí lo recomendable es saltarse la barra y avanzar hasta los esponjados sillones que se ven al fondo, en un sector entibiado por una bien alimentada chimenea. Según el ánimo, puedes pedir algo tradicional, o dejar que la curiosidad mande y probar el "Mongolian m. fucker", un trago que combina whisky, vodka, ron y granadina. En todos los sentidos, suena peor de lo que resulta.
Llueve sobre Pucón. Luego de algunos días amenazando, se deja caer el aguacero. Los guías dicen que un día de lluvia es perfecto para lanzarse en los ríos. Total, si te vas a empapar igual, mejor que sea con clase. Una alternativa curiosa para mojarse son las cuevas volcánicas, de camino al centro de esquí del volcán Villarrica. Las cuevas están formadas por lava de antiguas erupciones. Y como este material es poroso, la lluvia se filtra con ganas.
Antes de sumergirse en estos oscuros túneles, la visita incluye unos minutos en el centro de informaciones. Es el momento para que el guía explique el origen de las cuevas (manantiales de lava cuyo exterior se enfrió al contacto con el aire, y cuyo interior se vació cuando pasó el río de lava) y aporte datos interesantes: el Villarrica es uno de los volcanes más activos del mundo y el más destructivo de Sudamérica. De pronto es fácil sentir ganas de estar en otro lado.
Lo que sigue son unos cuatrocientos metros bajando escaleras y pasarelas de madera, luces mostrando cómo ciertas paredes están siendo conquistadas por el musgo o tienen apariencia de chocolate gracias al hierro, más explicaciones, una gran bóveda al final, y unos segundos para experimentar la oscuridad - y desamparo- total antes de iniciar el regreso.
A la salida, llueve para todos lados y el viento desordena aún más las cosas. Una familia de Salvador de Bahía - hay muchos brasileños en la zona- espera su turno en la recepción, pero las más jóvenes no vienen bien abrigadas y prefieren postergar la excursión.
Es buen momento para un chocolate caliente de verdad. También para recompensar al cuerpo. En ese caso, siempre está la opción de buscar una nueva terma, claro. O puedes probar un buen spa. El del hotel Villarrica Park Lake, exactamente a medio camino entre Pucón y Villarrica, es una alternativa de lujo. Sobre todo por su ubicación. Es decir, tiene saunas tepidarium y finlandés, baño de vapor, duchas de sensación y bancas calientes, bar de jugos y ensaladas, varios tipos de tratamientos y masajes, y todas esas cosas. Pero lo mejor, sin duda, es que está en el primer piso, a metros del lago Villarrica que a esta hora del atardecer se agita como si fuera el mar. Poderoso espectáculo que puedes ver cómoda y tibiamente instalado en la piscina temperada, mientras piensas qué harás mañana.
Lejos lo más popular en estos días en Pucón es el canopy. Mientras avanzas por carreteras o pasas frente a las agencias de turismo aventura del centro, a cada rato encuentras fotografías de tipos con expresión feliz, lanzándose de un árbol a otro, sostenidos sólo por un arnés.
Para probar la experiencia hay varias opciones. En Arboloco, el circuito áereo combina cables metálicos, pasarelas de madera y puentes de cuerdas. Mientras, el recorrido de la agencia Trancura es más clásico - sólo cables para colgarse- , pero con dos atractivos: según dicen, es el recorrido más alto y largo de Sudamérica.
En términos prácticos, eso significa que uno de los seis tramos en que está dividido este canopy ubicado al lado de las buenas termas Trancura (pasado Catripulli, camino a Curarrehue) tiene casi un kilómetro de largo y 130 metros de altura, suficiente para pasar de un cerro a otro mirando el valle, caballos y vacas por la parte de arriba.
El cable más largo y alto es el tercer tramo del circuito e, inesperadamente, se siente breve. Tan breve como para olvidar que hace pocos minutos te preguntabas qué tan seguro sería todo esto, y qué tan firmes los broches de tu arnés.
El último tramo permite alcanzar hasta 60 kilómetros por hora y termina en el centro termal, donde partimos y donde nos espera una cabalgata. La última en lanzarse es una gringa del Ejército de Salvación que al principio ni siquiera quería subir. Ahora viene haciendo "el vuelo del cóndor": sostenida por un guía, llega volando boca abajo y con los brazos extendidos. Vaya final.
Fte.Revista Domingo en Viaje
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