De pequeño me llamaron la atención las historias que hablaban de islas remotas, perdidas en algún punto del océano distante, donde corsarios y piratas salían sigilosos de la nada, para ocultar la fortuna hecha en sus correrías. Siendo niño y ahora, creo que adulto, sigo muchas veces soñando con participar de la búsqueda de esas fortunas.
Así fue como llegué luego de tres horas en una avioneta bimotor, del año 20 ó 40 calculo yo; y una hora en lancha , al poblado que contiene las 600 almas que hacen soberanía a seiscientos kilómetros al oeste de las costas de Chile central. Así llegue al poblado de San Juan Bautista, en el Archipiélago Juan Fernández.
Conocí a los paleros que ganan más dineros en nuestro país, unos 300 ó 600 mil pesos mensuales; los que trabajan con el historiador Bernard Keiser que desde 1998, buscando el tesoro que fue enterrado alrededor de 1715 por el navegante español Juan Sebastián Ubilla y Echeverría.
Y sin desalentarme por su viaje aún sin resultados, encontré mi tesoro particular, aquello que el hombre en su incesante caminar olvida, hallé el amor y el cariño de personas que no conocía y que marcaron mi vida para siempre ...
Gracias isleños de Juan Fernández ....
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